He visto los arboles ser acariciados por las constantes ráfagas de aire que, como lamidas de una lengua que sin necesidad de humedad se desliza suavemente por su superficie aterciopelada que es la masa de hojas, responden en un intercambio de lenguaje imposible de descifrar ya que surge espontáneo y nunca es el mismo, es irrepetible, como palabras que, pronunciadas una vez, jamás volverán a ser dichas.
Esta semana he estado con una idea en mi mente. Pero no la pensé sobre mí. Condensé una idea sobre alguien, mi conclusión fue que esa persona necesita plantarse en su realidad . Me pareció una gran idea por la sintonía que sentí con la idea. En mi mente era la conclusión a un problema que por mucho tiempo no había podido identificar y que, de pronto, me daba la respuesta... Pero ahora, sin la excitación del "¡Eureka!", me estoy preguntando si esa sintonía con la idea no es más que afinidad, sí, pero porque soy yo quién necesita hacerlo. Y me preguntó ¿Soy conciente de mi situación? ¿Estoy plantada en mi realidad? ¡Qué difícil! Y la respuesta me deja pensando...
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