De la infantil necesidad, de la suave y cálida, dramática manera de demostrarse que se existe. Que la vida es, que no soy un sueño dentro de otro sueño, que eventualmente tú reconoces que ahí estoy, que siento, que te veo y que también te reconozco. Como el pequeño, pidiéndole a su madre que lo vea haciendo tal ó cual cosa, porque así, cuando ella lo mira, cuando le habla y ella voltea y sonríe ante la pirueta... la siente y le devuelve la sonrisa sabiendo que es real, que existe, que es, y que ella también le quiere.
Esta semana he estado con una idea en mi mente. Pero no la pensé sobre mí. Condensé una idea sobre alguien, mi conclusión fue que esa persona necesita plantarse en su realidad . Me pareció una gran idea por la sintonía que sentí con la idea. En mi mente era la conclusión a un problema que por mucho tiempo no había podido identificar y que, de pronto, me daba la respuesta... Pero ahora, sin la excitación del "¡Eureka!", me estoy preguntando si esa sintonía con la idea no es más que afinidad, sí, pero porque soy yo quién necesita hacerlo. Y me preguntó ¿Soy conciente de mi situación? ¿Estoy plantada en mi realidad? ¡Qué difícil! Y la respuesta me deja pensando...
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